martes, noviembre 27, 2012

Espacios participativos en red #HLIIAT1



El científico Annevar Bush, pionero en la técnica del hipertexto que para julio de 1945 lo denominó memex, se preguntaba: ¿cuáles han sido los beneficios que el ser humano ha extraído del uso de la ciencia y de los instrumentos que su investigación ha dado como fruto? Su respuesta entonces fue: “han aumentado su control sobre el entorno material. Nos han mejorado nuestra comida, nuestro vestido y nuestra vivienda, han aumentado nuestra seguridad y nos han liberado en parte de las ataduras de la existencia primitiva. Asimismo, nos han proporcionado un creciente conocimiento de nuestros propios procesos biológicos de modo que nos han ido liberando progresivamente de la enfermedad y han aumentado nuestra esperanza de vida. Al mismo tiempo, han arrojado luz sobre nuestras interacciones en sus funciones psíquicas y fisiológicas otorgándonos la promesa de una mayor salud mental”.

El desarrollo humano, a partir de la tecnología, ha posibilitado usar entonces potentes instrumentos. Un rápido listado se encabezaría con las células fotoeléctricas capaces de ver los objetos en un sentido físico, la fotografía avanzada que puede registrar lo que se ve e incluso lo que no se ve, las válvulas capaces de controlar potentes fuerzas por medio del uso de una fuerza menor que la que un mosquito necesita para mover sus alas...

Pero también desde hace dos siglos, el “último genio universal” –Gottfried Leibnitz– concibió una máquina calculadora con características de los dispositivos basados en teclados. Ese trabajo requería de una gran complejidad como de un oportuno empeño económico que el siglo XVII se lo impedía. Otros pensadores, como Charles Babbage, contaron con generosas ayudas económicas para finales del siglo XVIII, y aún así tampoco llegó a construir su gran máquina aritmética.

En la actualidad, la fiabilidad es más sólida, los costos de construcción y mantenimiento de los aparatos son muy posibles, se pueden construir máquinas con piezas intercambiables, el proceso involucra una gran economía de esfuerzo... y, por tanto, las listas de los instrumentos que nos siguen generando beneficios humanos pueden empezar con la máquina de escribir, con la cámara de cine, con el automóvil o con los contactos eléctricos que forman el sistema telefónico de conmutación automática. “El mundo ha entrado en una era de dispositivos complejos pero altamente fiables y económicos al mismo tiempo”, argumentaba el ingeniero y científico estadounidense Bush.

Llegar a este estadío de modernidad instrumental requirió de innumerables archivos perdurables que resultaran útiles a la ciencia pero que, a la vez, estuvieran en continua ampliación, almacenamiento y, lo más importante, que pudiesen ser consultados. En la posmodernidad, elaboramos archivos de todo tipo a través del uso de la fotografía en películas cinematográficas y, en algunas ocasiones, nos servimos de la impresión, de la inscripción de sonidos y hasta de los cables magnéticos. Toda esta colección de instrumentos se hallan inmersos en un proceso de permanente modificación y expansión.

De tal suerte que el concepto de tecnología, desde los siglos XVIII y XIX, tuvo un sentido estricto, limitado, en función de las artes prácticas y no como el conjunto variado de fenómenos, herramientas, instrumentos, máquinas, organizaciones, métodos, técnicas, sistemas y la totalidad de todas estas formas y de otras similares, a decir del filósofo norteamericano de la tecnología y quizás el representante más notable del “determinismo tecnológico”, Langdom Winner. No obstante, conceptuar a la tecnología, por un lado, sería nombrar aparatos con los cuales la gente comúnmente desarrolla su trabajo: herramientas, dispositivos, instrumentos, máquinas, artefactos, armas, y que sirven para una gran variedad de funciones. En segunda instancia, “tecnología” agruparía a todo cuerpo de actividades técnicas: habilidades, métodos, procedimientos, rutinas empleadas por la gente para la realización de tareas y a lo que se puede llamar “técnica” en términos generales. En tercer modo, “tecnología” se refiere a aquellas variedades de la organización social relacionadas con dispositivos sociales técnicos, que involucran la esfera racional-productiva.

El concepto de tecnología, siguiendo con el pensamiento de Winner, y como proposición, es un “sistema tecnológico desde una perspectiva que enfatiza en los aspectos sociales sobre los técnicos, al punto que se caracteriza como formas de organización social, como un complejo interactivo de formas de organización social, que implican la producción, el uso de artefactos y la gestión de recursos”.

Pero el interés que propongo es responder a la pregunta de Vannevar en tiempo presente y desde su idea del hipertexto, tecnología inmersa en el entorno informático y con la cual viajamos dentro de archivos documentales para obtener beneficios humanos al extraer información y construir procesos de conocimiento.

1. Hipercontexto narrativo

El hipertexto rompe el esquema tradicional de una cognición secuencial, pues permite afrontar nuevas posibilidades en cuanto a la lecto-escritura, pero ¿su producto democratiza el acceso a la información digital y electrónica?

La lectura medida en computador es en promedio 25% más lenta que la efectuada en papel, como escribir para encontrar: 79% de lectores scanean las páginas web, y usar hipertextos para partir (mapear) la información”(1), pero vayamos por partes con las nuevas maneras de buscar información, con los tipos de conceptos y aplicativos sobre términos comunes, con los multimedios, con los documentos que encapsulan multitemas, con la carencia de equidad social y con la tensión en la narrativa del relato que nos deja en suspenso y hasta el próximo click.

La convergencia (de redes, de servicios, de negocios, de actores y la legal entre lo público y lo privado) significa capacidad que presentan las diferentes plataformas de red para transportar ciertos tipos de servicios esencialmente similares provenientes de las características de la propia red y de los sistemas de transmisión de información. Así que para un comunicador digital, es necesario aprehender las ventajas del hipertexto para hacerlo democratizante –comunicado desde el contenido– mediante cuatro tipos de interactividad: preservar lo ético, generar nuevas herramientas de trabajo, exponer la edición de contenidos con la llamada interfaz amigable y permitir la construcción de nuevas sensibilidades.

Marc Prensky –un líder del pensamiento y diseñador internacional de juegos en las áreas críticas de la educación y del aprendizaje– se pregunta: ¿cómo debemos llamar a estos “nuevos” estudiantes de hoy? “Algunos los refieren como N-GEN por Generación en Red o D-GEN por Generación Digital. Pero la designación más útil que he encontrado para ellos es “nativos digitales”. Nuestros estudiantes son hoy todos “nativos” de la lengua digital de juegos por computadora, video e Internet” (2); nosotros, “los que no nacimos en el mundo digital pero tenemos algún punto de nuestras vidas, cerca y adoptadas a la mayoría de aspectos de la nueva tecnología, somos “inmigrantes digitales”, insiste el pensador.

Esa es la brecha social, que nos está separando en calidad y, tal vez, incrementa las cifras de inequidad.

2. Cultura del conocimiento

Igualmente la autonomía del hipertexto está dada por la emancipación y libertad del usuario. De tal manera que su potestad lo lleva a decidir, lo coacciona hacia una soberanía en red social. En este sentido, el “acceso al conocimiento más libremente” proviene del ciudadano: ¿qué tanto se desea interactuar en los tiempos y lugares físicos, secuenciales, masivos?

Los medios que intervienen entre lo público y lo privado, la falta de conocimiento, comprensión y aprehensión del tema de los memex o del hipertexto ocasiona esa movilidad entre lo real y lo virtual, sin analizar que estas lógicas son distintas, no confluyen, son divergentes, a pesar de los componentes convergentes del entorno virtual. Los medios prosiguen con su intolerancia de no cooperar, se sirven de su jerarquía autoritaria para expresar su ideología dominante, hegemónica, autárquica.

Finalmente, el relativismo de los entornos Red no se precisa por la juventud madura del neomedio. El relativismo proviene de que “aprendemos por fin que la verdad no es propiedad de nadie y descubrimos que esto que estoy diciendo tal vez no sea cierto. Las verdades totalitarias no sobreviven en un ambiente así” (3).

La sociedad de la información orientada hacia y por las Tecnologías de Información y la Comunicación (TIC) demanda soluciones especializadas en comunicación, gestionada en red, y cuyo valor sea estratégico frente a: nuevos tipos de relaciones sociales, nuevas maneras de relacionarse con comunidades virtuales, nuevos desempeños en la calidad del servicio, nuevos posicionamientos ante el ambiente competitivo y nueva organización espacio-temporal para la usabilidad de la información y los entornos digitales.

La comunicación digital empleada en la actual sociedad junto con un soporte tecnológico, entonces, se convierte en un ambiente decisivo para el desenvolvimiento social en sus diversas dimensiones: económica, política, educativa, cultural. De tal manera que esta disposición global de la comunicación universal imperante, cotidiana, multifacética, integradora pero excluyente, es factor de productividad y, por tanto, el diseño de sus entornos (informacional, interno y de mercados) debe predominar a la fase estética y a su propia instrumentalización, pues “la concepción instrumental no es la perspectiva de la actual sociedad [caracterizada por] la ruptura del imaginario político aludido a la crisis del Estado nación, a la crisis de la ciudadanía entendida como una adscripción formal y electoral al proceso de configuración
social, a la crisis de los partidos políticos y los sindicatos, a la crisis de las ideologías...” (4)

En cuanto al alcance de la democratización del conocimiento y del impacto del mensaje digital, que rompe las características de la lectura lineal, el sistema multimedia involucra diversos elementos: la información compuesta en varios formatos, hardware y software para su elaboración y su funcionamiento. No obstante, son los fundamentos de la ciudadanía y no los nuevos medios el punto focal de la hipótesis sostenida de que las TIC, como herramienta de comunicación en la era digital, consolidan una función social sobre la base de los derechos a la información.

Referencias
(1). Conclusiones del Poynter Institute, la U. de Stanford y Nielsen entre 1994 y 1997.
(2). Confróntese Marc Prensky: nativos e inmigrantes.
(3). Roberto Hernández Montoya. Breve teoría de Internet.
(4). Observatorio Pedagógico de Medios. Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, Facultad de Humanidades. Edición 10.

Bibliografía

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